jueves 22 de abril de 2010

La depresión mayor en la infancia


(...) " La depresión es mucho más que estar bajo de ánimo. Aunque la mayoría de nosotros experimenta tristeza de vez en cuando, en algunas personas estos sentimientos no desaparecen y se acompañan de otros síntomas que provocan malestar o dificultades para desarrollar su vida cotidiana: interfiere en su capacidad de pensar, aprender y desarrollarse social y académicamente. Estas personas pueden tener una enfermedad denominada depresión.

Los síntomas de la depresión pueden variar de un niño a otro. Los síntomas fundamentales son:

• Ánimo bajo, sentirse triste la mayor parte del tiempo o tener sentimientos de desesperanza.
• Pérdida de interés en las actividades con las que se disfrutaba, como jugar con sus juguetes favoritos o con sus amigos, querer estar solo y aburrirse.

Otros posibles síntomas que se pueden presentar en el niño o adolescente son:

• Irritabilidad (enfadarse fácilmente).
• Ganas de llorar sin motivo aparente.
• Pérdida de energía o cansancio.
• Problemas de sueño: tener problemas para quedarse dormido por la noche o no querer levantarse por la mañana.
• Aumento o disminución del apetito.
• Dificultad para concentrarse o problemas de memoria, que afecta al rendimiento escolar.
• Sentimientos de inutilidad o culpa.
• Pensamientos negativos, excesivas críticas hacia uno mismo.
• Ideas suicidas: querer morirse o irse para siempre.
• Síntomas físicos como dolor de cabeza, palpitaciones cardiacas o molestias

A veces estos síntomas son el único motivo de consulta al médico.
• Preocupaciones constantes, lo que les puede producir ansiedad y miedos infundados.

La depresión puede hacer que la tarea más pequeña parezca escalar una montaña. Sin embargo, muchos niños o adolescentes con depresión van a negar encontrarse tristes o ni siquiera van a ser conscientes de la tristeza y esto no significa que no estén deprimidos.

Diferentes sucesos pueden actuar como desencadenantes de la depresión. En cambio, a veces, la depresión aparece sin ninguna causa externa aparente. En algunos casos existen familias en las que varios de sus miembros padecen depresión; se considera que en estos casos los factores hereditarios pueden ser importantes.

El cerebro usa mensajeros llamados neurotransmisores que envían señales a diferentes partes de nuestro cuerpo. También sirven para que diferentes partes del cerebro se comuniquen entre sí. La alteración en el funcionamiento de los neurotransmisores influye en el estado de ánimo y es a ese nivel donde actúan los medicamentos.

Algunas circunstancias que aumentan el riesgo de depresión son:

• Problemas escolares.
• Depresión en los padres.
• Experiencias de pérdidas o estrés, incluyendo fallecimiento de seres queridos (padres), soledad, cambios en el estilo de vida (cambio de país) o problemas en las relaciones interpersonales (amigos).
• Situaciones conflictivas en el entorno (por ejemplo, centro escolar, familia, trato diferente por la raza).
• Haber sufrido traumas físicos o psicológicos: acoso, abusos, negligencia en el cuidado.
• Enfermedad física grave o problemas crónicos de salud.
• Algunas medicinas (puedes consultarlo con tu médico).
• Abusar del alcohol o consumir otras drogas no solo no ayuda, sino que empeora la depresión.

Tener depresión no es culpa de nadie.
Experiencias positivas tales como una relación cercana con amigos, la familia o compañeros suelen ayudar a prevenir la depresión.

Algunas personas tienen un episodio de depresión mayor solo una vez en la vida. Sin embargo, cerca de la mitad de las personas que han tenido un episodio de depresión, tienen al menos otro más. La duración del episodio depresivo es variable, aunque la mayoría se sienten mejor al transcurrir entre 4 y 6 meses. En algunos casos, los síntomas pueden persistir durante mucho más tiempo.

La gravedad de la depresión varía enormemente.
Algunas personas tienen solamente unos pocos síntomas que afectan a su vida cotidiana de forma parcial o la limitan solo en algún aspecto específico. Esta es la denominada depresión leve. Otras personas pueden tener muchos más síntomas que llegan a impedirles realizar una vida normal; en este caso, la depresión se califica como moderada o grave.

En el niño o adolescente es más frecuente encontrarle irritable que triste o sin energía. Es más probable que acuda a la consulta por molestias físicas (somatización/alteración del apetito) o disminución del rendimiento escolar. Los padres se quejan de la pérdida de interés en sus juegos y amigos. Son frecuentes las referencias a la expresión facial y postural de sus hijos: los ven “con mala cara”, “ojerosos” o con “ojos tristes”. (...)"


Extraído de:
Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y en la Adolescencia (MINISTERIO DE SANIDAD Y POLÍTICA SOCIAL, 2009) 214páginas
http://www.feafes.com/NR/rdonlyres/A39B134C-2B54-4E09-9B6A-345EA02E991D/31820/GPCDepresinmayorinfanciaadolescencia.pdf